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sábado, 10 de agosto de 2013

Un olvido libre.


Estaba por comenzar a escribir sobre algo que ya ni recuerdo, cuando olvidé el motivo por el cuál me descubrí tecleando confundido. Es que no tengo idea cuándo comenzó esta voluntad de escribir sobre un tema del que no conozco el final, pero mucho menos sé, como comenzar. Espero descubran dónde el olvido se esconde, para conocer el vacío de un texto lleno de nada, o tal vez en los anales del comienzo, aquel que ni siquiera conozco, pero imagino que fue antes. Estaba por terminar esto, cuando olvidé poner el punto final, así que supongo que esto lo es. Porque el punto final radica en no escribir nada después, así que les dejo una coma, que sería como un punto y seguido pero al final. Continuará, si es que me acuerdo.

MGC

miércoles, 7 de agosto de 2013

En el almacén.



¡Buen día Atanasildo!
Bueno por decir... ¡Porque qué día de mierda... se viene tormenta!
Abrió tarde hoy. ¿Se durmió o se pelió con la patrona?
¡Va! digo yo… Porque no tengo reló…
¿Qué hora es…? Deje, igual ando al pedo.
Con esto de ser desempleado no tengo apuro.
Che, dos horas la señora pa pedir media docena de guevos don Ata…
¿Cómo banca estas viejas?
Yo no sé como hace. Y encima le pagó todo con mendas…
¡Decí que uno tiene una paciencia! Sino…
Pero qué desconsiderada…
¿Está su Señora?
-Se.
Pero atiéndame Uste no má…

Sabe que estaba pensando en hacer un guisito pal medio día…
¿Tiene arroz?
- Se.
Queda bueno un guisito de arroz.
¿Tiene papa?
- Se.
¿Carne?
- Sí.
No sé si ponerle lenteja. A la patrona le da gases. ¿Usted qué dice, esta buena?
- ¿La patrona?
No, las lentejas.
- Sí, dan gases sí…
¡No! ¿¡si quedan guenas…!?
- Quedan sí…
Entonces deme un puñadito.
- No tengo.
¡La gran flauta! ¿No me dijo que quedaban?
- Sí, quedan ricas y que dan gases. Pero no me quedan.
A bueno, entonces no…

¿Tomates tiene?
-Se.
¿Panceta buena?
- Se.
¡Pa! ¡pero carísima!
A todo esto, por qué le pusieron Atanasildo don Ata? Lo mataron sus padres con ese nombre…
Pero no se distraiga.
¿Bueno me va a vender o no?
-Sí.
Tiene buena pinta, pero ta carísima la panceta…
¡Qué increíble, en plena semana de turismo!
No tiene gollete…

¿Y pan tiene?
-Se.
No, deje igual, estoy a dieta.
¿Cuánto le voy debiendo de lo fiado? Hace tiempo que no pago ni un sope…
Pero ni mire. No le puedo pagar hasta que cobre el seguro de paro el mes que viene.
Y así estamo… No se puede ni trabajar y la plata no alcanza ni pa´l guiso…

¡Pero andan bien sus cositas Ata!
Tiene heladera nueva…
¡Usté ta comiendo con panceta Don Ata!

¿Sabe qué?
Deje, deje…
Ni se moleste.
Me llevo medio litro de tinto suelto.
Después se lo pago.
¿Tiene envase?
Presté el mío y no me lo devolvieron. ¿Puede creer?
Pero vio como está la gente…
¡Terrible atrevida!

- ¡Sí!


Marcelo González Calero.

martes, 23 de julio de 2013

Sauce eléctrico.





Eléctrico por sus ramitas, sin azul ni violetas, apenas un amarillento blanco y negro por sus contrastes, la foto que para muchos no es más, que una foto; para otros, no es más; y una foto, de ese lugar que encierra amor de una familia que tiene más preguntas que ganas de vivir. Las mil caras de un cerro con nombre, que para cada cual, es una montaña de cosas diferentes.

viernes, 12 de julio de 2013

De ida y vuelta.



A todos nos llega la hora tarde o temprano, de ponernos un saco y leer a Jorge Luis Borges. -El saco pueden llamarle chaqueta, pero es el saco, no el saquito de la abuela, ni el saco-bolsa, el saco. Como el saco de Pablo Sandoval, el entrañable personaje interpretado por Franchella en “El Secreto de sus ojos”.- 

En este último tiempo me he dedicado a leerlo con atención, como debe ser y como lo solicita su escritura, y entre ellos encontré un poema que quiero compartir con Ustedes mis Queridos Invisibles.
Sepan que lo comparto luego de haberlo conversado con Jorge, que a través de este portal personal del tiempo llamado libro, conversamos, discutimos e incluso discrepamos, como buen irrespetuoso que soy, pero que al final logré perdonarlo por robarme tan precisamente mis pensamientos, aunque no hayamos coincidido en el instante, ni en la desgracia. 

Temo, solo por experiencia, que debe haber sentido parecido, por eso de que siempre que pasa lo mismo sucede igual, ya que no creo haya podido escribir semejantes conceptos, sin el respaldo del negro dolor. Pero lo perdono, sólo, porque él lo pide directamente. Si no me cree, búsquelo en el libro “Obra Poética”. 

En el fondo le agradezco.

He decidido hacer públicas algunas poesías tristes sobre la muerte por varias razones y luego de haberlas discutido mucho con Yo y Migo Mismo [With me, Myself and I], principalmente porque es parte de mi vida y con la que convivo día a día, porque pocos tienen la desgracia de ver a su hermano muerto, y ver en él, como en el espejo, tu muerte a semejanza, como una pesadilla sin fin, que lejos de despertar, termina por cumplirse, algún día, espero lejos. 

Porque el sentimiento desvelado hecha luz sobre la tristeza oscura, y como otros me explicaron lo que sentía pero no entendía, tal vez otro entienda, lo que yo entendí primero, solo por desgracia del tiempo y por compartirlo. 

Lamento comenzar con Borges desde la muerte, pero uno nunca decide cuando comenzar en realidad; ni con el nacimiento, ni con Borges.


Remordimiento por cualquier muerte

Libre de la memoria y de la esperanza,

ilimitado, abstracto, casi futuro,

el muerto no es un muerto: es la muerte.



Como el Dios de los místicos,

de Quien deben negarse todos los predicados,

el muerto ubicuamente ajeno

no es sino la perdición y ausencia del mundo.



Todo se lo robamos,

no le dejamos ni un color ni una sílaba:

aquí está el patio que ya no comparten sus ojos,

allí la acera donde acechó la esperanza.



Hasta lo que pensamos podía estarlo pensando él también;

nos hemos repartido como ladrones

el caudal de las noches y de los días.

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923)


Así los asesinos se convierten en ladrones, no solo de vidas, sino también de esas noches y esos días, de esas sonrisas y los abrazos. Pero nos obliga a todos a hacernos ladrones contra nuestra voluntad, como la leña del árbol caído, que solo queda recoger las ramas, para calentarnos el alma con su recuerdo, en el ardiente rincón de nuestro corazón. Nos hemos repartido sus sonrisas para que no queden tiradas por algún campo de muerte; sus consejos para que sean más sabios; nos hemos repartido lo que nos dejaron, obligados a aceptar todos la voluntad de uno, uno que no se somete ante ninguna conciencia, más alienta sus impulsos destructivos y temerosos.

Quiero que quede claro, para quienes piensan equivocadamente, que el empuñar un arma no es un don, ni un privilegio, no es una unión de poder con iluminados. Ni siquiera fueron inventadas para potenciar los posibles poderes increíbles de un Hombre. 

No las empuñan solo hombres fuertes y rudos, ni siquiera el aturdidor sonido de la pólvora les pertenece a sus gargantas, y sepan, que las armas fueron construidas para que cualquier imbécil pueda matar, para que los más débiles e indefensos tengan el mismo poder de muerte que uno fuerte y agresivo, sepan, que las armas son la democratización de la muerte y empuñarlas no cambia al Hombre, solo lo potencia. 

Es así que aquellos seres de bajos valores, contaminada moral y torcido actuar, se sienten potenciados por un arma, que les da un poder que no saben controlar, creyéndose poderosos y superiores, cuando en realidad, no ha cambiado nada en su interior. 

Si las armas no fueran fáciles de usar, estandarizadas y simples, no se podrían armar a los ejércitos.
Las armas son herramientas estúpidas, que en manos equivocadas causan daños irreparables. Lamentablemente es más fácil cargar y gatillar un arma, que encender un computador. 

Por lo tanto trate por igual a quien se crea Thor por tener un martillo en la mano y a quien se crea poderoso y superior, por tener un arma. Ambos tienen serios problemas.

Otra Poesía que me gustaría compartir:

Ausencia.

Habré de levantar la vasta vida

que aún ahora es tu espejo:

cada mañana habré de reconstruirla.

Desde que te alejaste,

cuántos lugares se han tornado vanos

y sin sentido, iguales

a luces en el día.

Tardes que fueron nicho de tu imagen,

músicas en que siempre me aguardabas,

palabras de aquel tiempo,

yo tendré que quebrarlas con mis manos.

¿En qué hondonada esconderé mi alma

para que no vea tu ausencia

que como un sol terrible, sin ocaso,

brilla definitiva y despiadada?

Tu ausencia me rodea

como la cuerda a la garganta,

el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges.

Dicho esto por las letras de otro que lo supo expresar mejor, espero sea un regalo. Tal vez para algunos sea un reencuentro, para otros una ráfaga de viento pasajero, y para otros, un caballo de Troya que entra en el ama y sólo se expande por rincones, como en un viaje por el espíritu que no termina nunca.

Yo no me robé nada de Diego, él me dejó todo y Yo decidí cuidar sus cosas mientras, pero no como en un museo; preferí colgar sus herramientas en la pared del taller de mi vida, para seguirlas usando todo el tiempo, como él las usaba, construyendo. Las que puedo las cargo conmigo todo el tiempo, pero siempre vuelvo al taller, como lo hacíamos juntos, y enciendo la radio, escuchamos unos tangos, tomamos unos mates y construimos sueños. Como siempre.

Les dejo una foto del cielo con el que me recibió en Santiago cuando volví del viaje.
Saludos.

Marcelo González Calero.